Historias de mi Chan Pueblo
Así nos Vemos
EDGAR PRZ
Cuando eres niño, no conoces la dimensión del tiempo ni te preocupas por ser feliz, la inspiración natural es Ser Adulto, ser Grande, (mientras los grandes queremos volver a ser pequeños), ironías de la vida.
Ayer se celebró el Día de San Miguel Arcángel, hay mucha gente devota de este Santo y miles llevan su nombre. El 29 de septiembre es el día de los Santos Arcángeles, (San Miguel, San Rafael y San Gabriel), cuyos nombres y misiones aparecen en la Santa Escritura.
Es protector de la Iglesia Universal, de los soldados, policías y abogado a la hora de la muerte.
Hace algunos años, en algún lugar de lo que fue el Territorio de Quintana Roo, las costumbres, creencias y ritos estaban bien arraigados, la gente era muy creyente y respetaba las tradiciones hechas costumbre por la Iglesia. Había muchos festejos, en honor a tal o cual patrono, los Santos tenían sus capillitas, sus días de fiesta y era una congregación de sincretismo mezclada con la religión católica. En la Zona Maya se notaba más, debido a la escasa rotación de la gente, los pobladores eran los mismos, aumentaba el número de habitantes por los matrimonios y los nuevos hijos, muy poca gente llegaba de fuera a establecerse. Todos se conocían, casi todos eran parientes o compadres, la vida comunitaria estaba bien socializada y la gente vivía feliz. Aparte de sus gastos diarios, ahorraban para organizar la fiesta de su Santo Patrono, fiestas en grande.
En mi Chan Pueblo había un personaje reconocido como persona respetable, don Fernando Esquivel Montaño, de ocupación comerciante, tenía una tienda a una esquina del Parque Principal, con un mostrador enorme, largo, gigante de madera, en donde podías encontrar de todo, dulces de menta, de coco, tehuanos, pirulines, canicas, trompos, chicles motita, negritos, galletas, telas, botas mineras, sogas de jarcia, gasolina blanca, petróleo, velas, veladoras, lámparas de mano y de petróleo Coleman, frijol, arroz, azúcar, hasta botellitas de agua helada.
Era el patriarca del pueblo, un hombre culto, mesurado, inteligente, educado, respetuoso, que fue tronco de una familia con doña Emma Martin, nativa de Cozumel. Tuvieron tres hijos, Francisco, María Emma y Pipo (perdón por no recordar el último nombre). Francisco fue educado en el extranjero y al retornar al pueblo lo nombraron alcalde por su sapiencia, capacidad y poseía una enorme sensibilidad que le permitió de inmediato distinguirse entre la población local. Don Fernando poseía un rancho “San Miguel” con su laguna, por cierto llamada “Laguna de Don Fernando”, muy cerca del pueblo, carretera a Puerto Juárez. Era una estancia con una vista agradable, linda, hermosa, diáfana, transparente que contagiaba e inyectaba tranquilidad y paz. Todo limpiecito, el camino de acceso, los árboles, las albarradas, las piedras, caleadas (pintadas con cal) la casa principal, la capilla y otras construcciones existentes. Los festejos de cada 29 de septiembre se volvieron tradición, todo el pueblo se volcaba en procesión al Santo Patrono, la misa, la fiesta, el fandango, la convivencia se hacía en el rancho.

Al terminar los servicios religiosos, había que atravesar los corrales con toros, cochinos y daba cierto miedo. Iniciaba la fiesta, la música, un ba’ax a toro con la actuación estelar del vaquero don Rach Pérez, el famoso Don U’ux quien montaba los toros, hacía acrobacias, era un verdadero esteta del ruedo. Se organizaba una especie de vaquería que animaba el ambiente, se repartía comida a todos los visitantes. un relleno negro mixto, pollos y puercos preparados con recados y un cocimiento lento con piedras incandescentes que al contacto con las pailas repletas de alimentos se cocinaban y le daban el sabor característico. Se acompañaban por una hilera de mesticitas, que torteaban retando a la lumbre para evitar quemarse, hacían unas tortillas de mano simplemente exquisitas.
Después de la comida en otra área estaban apilados por montones los elotes sancochados, ollas de atole, dulces de camote y yuca para comer con miel. Un verdadero agasajo culinario.
Este festejo se prolongó por muchos años y daba cuenta del cariño que sentía por la población el señor Fernando Esquivel. Ayer puntual llegó a su cita San Miguel al pueblo, existe la creencia que debería ser un día de lluvia y así fue, cayó un aguacero sabroso que revitaliza el campo, los sembradíos y es la manifestación de su presencia.
Aquellos eran tiempos de sana convivencia, de tranquilidad, de seguridad, de camaradería, del disfrute de los festejos, de departir entre familias y conocidos. Ese era el Carrillo Puerto que conocí, con el que crecí y que ahora evoco en mis recuerdos, “Qué felices éramos de niños y no lo sabíamos”.
Mejor seguiré caminando y cantando “Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras, de mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas. Y colgaron de un cordel de esquina a esquina un cartel y banderas de papel verdes, rojas y amarillas. En la noche de San Miguel como comparten su miel, su mujer y su gabán gente de cien mil raleas”.













