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La Detención Preventiva del Tren Maya…

Así nos Vemos

EDGAR PRZ

La semana pasada otra de las obras insignes del período de Morena en el poder, el Tren Maya sufrió un desperfecto que dejó en evidencia muchas deficiencias de esa onerosa obra. Miles de millones de pesos invertidos en un sueño mesiánico, en un arrebato de locura que de origen estaba viciado.

Los costos iniciales fueron pulverizados poco más del 500 por ciento, de 150 mil millones, rebasaron los 700 mil millones y con el blindaje que le pusieron de Seguridad Nacional, eso impide que se sepa la realidad, que se transparenten los costos. Eso es solo el Tren Maya, falta la Refinería Dos Bocas (que se ha incendiado varias veces), el Tren Interoceánico (que hace poco se descarriló), el AIFA (siempre vacío) y la cancelación de la ampliación del Aeropuerto (cuyo costo de indemnización es casi equiparado a la obra proyectada).

Doña Rosy López de 68 años, temerosa se subió por primera vez al Tren Maya, para viajar y acompañar a una de sus nietas en su Graduación de Enfermería en Cancún. No se imaginaba el suplicio que pasaría ni la odisea que viviría. La acompañaba otra de sus hijas, Laura que vive con ella en Caucel. Impresionada por el glamur del interior del Tren, solo conocía el Tren del Centenario. Con su cabeza afirmaba que estaba contenta, viajaba cómoda, con aire acondicionado, sus ojos a través de sus lentes miraban, contemplaban la espesura de la selva, platicaba y platicaba con su hija de lo que harían en Cancún apenas llegaran. Padecía de diabetes, hipertensión y se tenía que medicar cada determinada hora. Salieron de la Plancha, nombre con que se conoce la Terminal de Mérida, a las 15.20 para llegar a Cancún a las 20 horas.

Todo parecía normal, la oscuridad invadió el trayecto y la visión de la selva disminuyó. Pasaron las 7 de la noche y de pronto, la locomotora se detuvo, se apagó el aire acondicionado, solo luces de emergencia y el miedo empezó a filtrarse en los pasajeros, en el tramo Leona Vicario- Cancún.

Pasaron los minutos, la mayoría de los pasajeros seguían sentados, otros con las linternas de sus celulares alumbraban. La plática de euforia paso a temor, las sonrisas se transformaron en angustia. Nadie sabía qué pasaba, nadie les decía qué había ocurrido, el calor se dejó sentir y la comodidad se esfumó. Pasaron las primeras horas, les dijeron que estén tranquilos, que hubo un desperfecto eléctrico y eso apagó los motores y los sistemas dejaron de funcionar. Implementarían los protocolos adecuados, dijeron eso para medio calmar a la gente.

Doña Rosy ya estaba nerviosa y su presión iba en aumento. Sus familiares la esperaban en la Terminal de Cancún y ni como avisarles ya que donde se detuvo el Tren, la recepción de la señal era muy difusa, mala y eso contribuía a qué su respiración sea más fuerte y seguida. Otros pasajeros con niños ya presas del llanto. Las horas empezaron a hacerse eternas, dieron las 9, las 10, las 11, las 12 y nada, como la canción de Sabina.

El auxilio esperado no llegaba, el rescate ansiado ni sus luces. La histeria, los reclamos, los recordatorios a la progenitora de los encargados del Tren y del huésped de “La Chingada”, no se hicieron esperar. El ambiente ya era tenso, el auxilio no llegaba y el tiempo inclemente seguía pasando. Nadie dormía, todo era reclamo, crisis de histeria, llanto para este momento; doña Rosy hasta el chongo de su pelo había deshecho, parecía Leona, estaba intratable ya ni el Telmisartán la controlaba. Por fin después de las 2 de la madrugada, lograron evacuarlas para llegar a Cancún cerca de las 3 de la mañana. Lo que debía haber sido un bonito viaje se convirtió en una plegaria, muchas personas sintieron que sus rezos y oraciones hicieron efecto.

La empresa salió a decir uno de los argumentos clásicos de los “morenos”, “detención preventiva” debido a una falla eléctrica en el generador de energía, que da propulsión a la Unidad. A los afectados se les reembolsarán los costos de sus boletos, compensaciones económicas y transporte terrestre hasta sus centros de hospedaje o destino final. ¿Y el susto, el miedo, el temor, las crisis, los padecimientos nerviosos que llevó incluido el viaje? Urge hacer un replanteamiento de estas obras insignes, el Tren Maya es inoperante, no está recaudando ni la cuarta parte de lo proyectado, al contrario, es oneroso y diario registra pérdidas por 25 millones de pesos, sigue operando por la inyección de recursos públicos. Este desvío de recursos bien serviría para mejorar los esquemas de Salud, para rehabilitar escuelas, para construir y equipar hospitales, para introducción de servicios públicos, agua potable, energía eléctrica, apertura y reparación de vialidades, en fin, parece que la “fiesta solo es de ellos”, ¿no lo cree Usted?  …

Mejor seguiré caminando y cantando “Y nos dieron las diez, las once, las doce, la una y las dos y casi a las tres nos vinieron a rescatar, cerca del amanecer”.