La cotidianeidad de un país al ser narrada por los demás, es generalmente el inicio de una historia en la que los actores cuentan sus recuerdos o vivencias de acuerdo al día a día que experimentan.
La invasión militar de algunos, la caída del «régimen» de otros, el supuesto inicio de un diálogo, la ignorancia maltrecha de los extremistas y el consuelo de los desesperanzados, no dan para introducir un tema tan simple y complejo, como lo que vivimos millones de cubanos sin que ninguna de las anteriores sea la realidad.
La realidad es un enigma diario, preguntas como ¿a qué hora se irá la luz? o ¿a qué hora vendrá? Como se dice en «cubano», o Vecinaaaaa ¿ya está entrando el agua? Las escuchas de manera frecuente. La diferencia está en la sonrisa y la aceptación de esa cruda realidad, y ahí es donde nos encantaría descansar la letra.
En tanto las dificultades permanentes son particulares, atendiendo a los nuevos actores que de la nada han generado riquezas personales, no sociales, ni estaduales, a los cuales podríamos llamar «los nuevos ricos», todos, estos y nosotros, redundamos en una realidad inoperante, sin mencionar alimentos, bebidas, cosas simples que debería ser ya del pasado sufrir, como una vez se pensó.
El Estado ya no controla lo que se produce ni lo que consume su ciudadano, no experimenta siquiera una crítica ni protesta, pues es tan dura la realidad, que no da tiempo a dedicarse a reclamos ni angustias.
El tiempo es para «luchar», como a lo cubano se plantea. ¿Qué hacer con el plato vacío y seguir y seguir al otro día tal cual? Les convoco a pensar y exponer sobre el siguiente cuestionamiento. ¿Cuándo fue que inicio todo? ¿En qué momento se erró en la acción de los que deciden?
Se pudieran rememorar momentos tan difíciles y recientes como la COVID 19, cuando el mundo se desmembraba de sus habitantes por un simple «bichito». Y en ese entonces, Cuba fue capaz de crear vacunas y compuestos autoinmunes que gratuitamente dio a sus ciudadanos, y logró sobresalir por encima de la mayoría de los países del mundo. Se podrían relatar miles de anécdotas.
El Comandante en Jefe con siete fusiles y pocas municiones, la alfabetización, las reformas agrarias, la invasión de Playa Girón, la crisis de los misiles, los muchos años hasta hoy de guerra económica, los miles de médicos curando por el mundo cientos de enfermedades, las misiones internacionalistas que liberaron pueblos y países, la verdadera razón revolucionaria de poner un médico por cada 100 habitantes y un maestro por 25 alumnos en la enseñanza primaria, media y preuniversitaria.
No alcanzaría la carga del celular para describir los miles de momentos y espacios de un país ejemplo ante el mundo y, sobre todo, al continente americano, antes de que el desdichado apagón aparezca en la cruda realidad y limite los dedos que escriben estas letras reitero la pregunta que casi todos los cubanos se están planteando ¿cuándo empezó esto de nuevo?
Recuerdo una alocución en un programa televisivo de Marino Murillo, entonces Vicepresidente del Gobierno y Presidente de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo del plan económico, cuando dijo «las medidas que se ejecutarán debemos hacer que funcionen, porque si no es así, no habrá marcha atrás». Sucedió recién finalizado el encierro de la COVID 19, cuando se «unificó» la moneda nacional y desapareció el conocido CUC, quedando el tradicional peso cubano.
La inquietud que albergó esta tan desacertada manifestación fue “¿cómo que si no funciona no hay marcha atrás?», «¿Quién le dijo a ese señor que podía decidir por un país?», pues así fue, no funcionó y tampoco se recogió la soga del ahorcado para que no se la pusiera él mismo en el cuello.
A Murillo, dicho sea de paso, lo desparecieron, pero luego apareció nuevamente como Presidente de TABACUBA, monopolio del tabaco en Cuba.
Comenzaron a escasear productos al involucrar al llamado MLC, moneda libremente convertible para la denominación cubana. Para el mundo son siglas históricas, pero el cubano siempre le pone de su cosecha a algo que ya está establecido hace años. Ahí suponemos que comenzaron desacuerdos con productores, proveedores y comerciantes de disímiles rubros, ninguno importante como la minería, por ejemplo. Quisieron emparejar «los dineros», ya que antes de ese proceso financiero todo se pagaba en CUC y se le «facilitaba» al inversor un porciento en dólares para que continuara su actividad internacional con los productos que comercializaba.
Comenzó con gran velocidad la desaparición no sólo de productos, sino de estructuras que generaban servicios, que hacían llevadera la vida del «de a pie».
Hoy la realidad, cruda en su esencia, supone un esfuerzo desgarrador. La escasez se apodera de las familias mientras se habla de invasión, cambios, nuevas medidas tanto de un bando como de otro, pero nadie, y cuando se dice nadie es literal, nadie habla del futuro.
La pregunta fundamental no es ya cuándo se resolverá esto o aquello, ni cuándo habrá disponibilidad eléctrica, ni cómo vamos a cocinar o conservar los alimentos. La pregunta fundamental es…¿Cómo le explicamos a nuestros hijos, niños y jóvenes, aquellos que conservan su espacio en su país de origen y no pretenden (o no pueden) emigrar; cuándo se va a resolver el problema?
La batalla ideológica es la clave para generar esperanza, así fuimos criados y funcionó muchos años. Hoy desafortunadamente nadie explica nada en realidad, nadie con vergüenza convoca y es seguido, por lo que deberíamos replantearnos la manera en que se enfocan los escenarios.
Si bien hay un diferendo histórico real, avasallador y cruel, las nuevas generaciones que aún creen en su revolución y en la historia de sus padres y abuelos, merecen que les den un aliciente mayor a un discurso inocuo y falto de realismo práctico.
Es probable que los lectores no identifiquen de inicio la tendencia de lo anterior, y es la idea. No creo que haya que seguir viendo de qué parte está uno u otro para aplaudir o desacreditar. Creo que la importancia se le debe dar a la existencia de las nuevas generaciones, los pinos nuevos de los que habló EL APÓSTOL, que no son más que el «probable» futuro de Cuba, una isla bella en geografía, historia y población, que se deteriora a cada paso sin saber los que la habitan qué decidirán los que el poder ostentan, de una y otra orilla. Aunque este río tiene más orillas que los demás.













