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EL CÓDIGO OPORTUNO

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Operación «Peter Trump» y las consecuencias de su política

Entre 1960 y 1962 se realizó en Cuba, de manera clandestina, la llamada «Operación Peter Pan», apoyada por el clero norteamericano. La esencia de la misma fue hacer creer a miles de familias cubanas que se les retiraría la patria potestad sobre sus hijos y que el Estado asumiría la crianza y atención de éstos en campos de concentración con «adoctrinamiento comunista». Otros llegaron al extremo de decir que esos niños serían mandados a la URSS para hacerlos carne rusa enlatada.

Aquella afrenta a la humanidad misma del individuo tuvo momentos históricos posteriores que no sólo incluyeron al archi nombrado diferendo entre el Imperio y La Isla, sino que provocaron que el plan inicial de reunir luego a los padres de esos miles de niños no sucediera. Acontecimientos como la invasión de Bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles, el cierre de la sede diplomática norteamericana en Cuba y la cancelación de vuelos, impidieron la salida de las familias. Así comenzó el devastador escenario de la soledad infantil.

A la sazón de los hechos, la mayoría de los muchachos todos menores de edad entraron en el proceso de orfanatos y programas de adopción. La gran mayoría no vieron más a sus padres, excepto cuando tuvieron la mayor necesidad, otros jamás.

En meses recientes y por conductas totalmente descabelladas, se produce un teatro inverso: las deportaciones de más de un millón de inmigrantes ejecutadas por ICE, y más de dos millones de auto deportados por temor a acciones del gobierno, han conllevado al resultado insólito de más de 200 mil niños separados de sus padres en sólo dos años.

La moderna operación «Peter» que en su antítesis pretendía hacer creer que había que ir a «AMERICA» para evitar daños, violaciones de derechos, injusticias raciales y religiosas, o por tendencias sexuales y políticas, se desvanece en el tiempo, como todo lo que implique una política imperial. Los que creyeron en el «sueño americano» y en la grandeza de un país (que en su esencia lo es por su historia y pueblos), reciben un trato que dista mucho del que merecen, pues además son precisamente quienes hacen que funcione como economía, potencia militar, política y demás.

Lo inverosímil del cuento es que los que emigran no huyen en su mayoría de gobiernos ni procesos políticos. Van en busca de una mejoría económica, familiar y personal, muchos dejando a los más queridos en sus tierras, para desde el otro lado mantenerlos y ayudarlos. ¿Y qué se encuentran? A un gobernante hostil que desconoce la historia de su propia gente y hasta de su propia familia.

En una sociedad como la norteamericana, los rangos de éxito en esta época para estos 200 mil niños no auguran buen récord de beneficios. Muchos de seguro serán objetos del crimen organizado, el narcotráfico, la trata de personas y de órganos humanos, sin dejar de mencionar la pornografía infantil y el abuso sexual que tan de moda está en esa sociedad.

«La operación Peter Trump» sigue en marcha. En el mismo momento que escribimos y leemos, hay niños que están siendo separados de sus familias. Gente de bien que llevan años dando su tiempo, esfuerzo y hasta su vida por EEUU, sólo suplicando que el día que hagan las compras no aparezca una patrulla con encapuchados y tres letras en mayúscula, y que alguien sensato y con apoyo nacional declare de una vez legales a categorías como Parole e I220A, por sólo mencionar algunas de las tantas que existen.

La contradicción está en un punto, Los EEUU es un país construido por inmigrantes europeos, asiáticos, árabes, latinos, africanos, que han hecho de una tierra lo más diverso que existe y ha existido en la historia del hombre. Y ahora un gobernante sin piedad, que absorbió por poder y no por liderazgo a muchos, quiere cambiar lo incambiable.

Ronald Reagan, a pesar de sus posturas y acciones, supo definir bien a su país en su último discurso radial, antes de dejar la presidencia, cuando en una de sus partes expresó: «Gracias a cada ola de recién llegados a esta tierra de oportunidades, somos una nación siempre joven, llena de energías y nuevas ideas».

¿Acaso debe ser esa, en la que nos están convirtiendo, la sociedad del futuro? ¿Una desprovista de respeto y valor a los lazos filiales, al amor entre padres e hijos, ese, el bueno, el que es capaz de convertir a los niños en seres completos de un futuro que siempre se pretende que sea mejor que un pasado? La historia es cíclica, es cierto. Pero no deben ser estos los patrones que se repitan, donde la familia pierda su razón de ser y estos niños de hoy no sepan cómo hacer un mañana mejor. Ni a lo Peter Pan, ni a lo Peter Trump.