Escribir hoy con una información real sobre Cuba, es en extremo peligroso para el respeto del autor. Las informaciones son tan despobladas de realismo, que ni de un bando ni de otro te garantiza que el lector esté informado.
Han pasado acontecimientos serios. La Asamblea General de la ONU ha sido nuevamente escenario de horas de discursos sin solución, como es costumbre, donde sólo sirve como tribuna para decir lo que piensan los pueblos, en tanto los poderosos, que son sólo unos pocos, deciden si se ejecuta o no una propuesta de las miles que cada año se plantean.
La Corte Penal Internacional, quien falló contra el genocida israelita Netanyahu, ha sido silenciada junto a los 124 países miembros, sólo porque Israel no es firmante de tal panfleto. El asesino viaja por el mundo, se para en el supuesto país más defensor de los derechos humanos hablando de democracia, y después del café se va a su casa, siempre pasando por encima de los cadáveres que sus soldados dejaron ayer o ese mismo día, quizás de muchos niños, niñas, mujeres y ancianos.
En este escenario, los Halcones del Norte apoyan el genocidio de Gaza y amplían el de La Habana. Luego de más de 65 años se empeñan en recrudecer una difícil realidad que para otros pueblos sería impensable vivir, increíble que exista y mucho menos soportarla.
Al inicio reconocí que es complejo saber qué pasa en realidad entre ambos gobiernos, pues cuando aplican una nueva cruel medida, abren por otro lado más vuelos entre las partes; cuando evitan que entre combustible externo aumentan por otro lado los envíos de petróleo y derivados por sumas millonarias. Así es muy complicado decir la verdad, o al menos la referida a este proceso.
Sin embargo, hay cosas claras y sin matices. El día 1 de octubre hubo una convocatoria internacional para asistir a Washington y protestar contra Cuba, su revolución, el comunismo, por la democracia y la libertad de expresión, etc. Ahí supuestamente debió asistir un gran número de cubanos residentes en los EEUU, que son casi dos millones de individuos.
Pues, contra sus propios pronósticos, llegaron poco más de 150-200 personas con discursos aireados, llenos de odio y ofensivos. Su principal mensaje era «DO IT TRUMP DO IT», que en español es algo así como «hazlo Trump hazlo». Y ¿a qué se referían estás sabandijas? Pues nada más y nada menos que a una intervención militar contra su propio país.
Hace nueve meses exactos que murieron 32 militares cubanos en Caracas, Venezuela, defendiendo al presidente electo Nicolás Maduro Moros, vilmente secuestrado contra toda regla de respeto a la justicia y al orden internacional. Antecedentes recientes de acciones similares: Irak, Libia, Siria, por mencionar pocos. Intereses: petróleo, petróleo y…. petróleo.
¿Quién iría en una intervención militar a Cuba? Pues soldados norteamericanos en su mayor volumen. Hijos, nietos, padres, madres. ¿Serían familias con un fin común? No creo que la mitad del ejército norteamericano sepa dónde está Cuba, ni quién fue Maceo, Martí, ni si Gómez era cubano, dominicano o inglés. No hay interés real, no hay necesidad alguna, sólo hay un denominador común, al que pudiéramos denominar «la nueva horda que saca dólares a costa de un discurso».
Bien, estos son los que fueron a Washington: Otaola, Ávila y unos pocos más. Son los que quieren bombas en La Habana. No ven otra opción que no sea una bomba destructiva sin destino ni nombres, sin sexo definido ni identidad alguna, sólo unas cuantas bombas para así hacer de Cuba, según ellos, un país libre.
Ok, listo, supongamos que decidan actuar de esta manera tan diabólica, que no sería nueva para el mundo, pero sí en este escenario. Sería justo, entonces, que el gobierno, el Congreso y el Senado de los EEUU, itinerario a seguir para aprobar tal «hazaña», llame a alistarse a estos pocos o muchos que solicitaron con tanta vehemencia una acción armada contra Cuba, y sean los primeros en desembarcar, pues cuando quieres comer pescado, hay que mojarse «las rodillas».
















